El pasado viernes 9 de marzo el Palacio de Deportes de Riazor acogió –por segunda vez-, la final del Campeonato de Europa de boxeo en peso mosca. Y –por segunda vez-, Valery Yanchi (bielorruso de nacimiento y coruñés de adopción) y Silvio Olteanu (de origen rumano y federado en Madrid) midieron sus fuerzan en un combate que resucitó las mejores veladas de boxeo: público entregado, pelea extremadamente igualada y ambiente festivo y deportivo en la ciudad.
La suerte –y los árbitros- quisieron que esta extraña revancha (el primer combate, celebrado el 7 de octubre, fue declarado nulo) se decantase del lado de Olteanu, pese a que la equidad entre los contrincantes fue evidente durante todo el combate.
Valery nos recibe en el gimnasio de la Sardiñeira, donde entrena a diario bajo la atenta mirada de Chano Planas, pese a que estos días disfruta de un merecido descanso físico, que no laboral, porque, y aunque el boxeo es un deporte de élite en media europa y todo Estados Unidos, en España sigue sin ser sustento suficiente incluso para profesionales como él, que combinan el cuadrilátero con las cuatro ruedas, conduciendo su taxi por las calles coruñesas.
Simpático, hablador y familiar –acude a la entrevista con su mujer y sus dos hijos, un pequeño que aún no cumple el año y gatea por el ring con inusitada soltura, y un preadolescente amante del dibujo y el teatro, que vivió en directo y con los nervios a flor de piel el combate de su padre-, Valery nos cuenta cómo vivió el encuentro del viernes pasado, cómo transcurre su día a día en los entrenamientos, y desmonta ante nuestras cámaras muchos de los tópicos y prejuicios que alejan al gran público del boxeo profesional.
Imagen: Pablo Rodríguez Martínez
Texto: María Nieto Díaz



Conozco a Valery y es cualquier cosa menos violento. Él y su familia son encantadores
Se portó estupendamente con nosotros, nos atendió de maravilla y la verdad es que nos ha despertado el gusanillo por el boxeo. Merece todo nuestro respeto y admiración, sinceramente.