Comenzó a pintar por puro amor al arte, y de repente, sus lienzos cuelgan de las paredes de más de un coleccionista, los entendidos alaban su trazo y expone en renombradas galerías.
Oscar Cabana (A Coruña, 1980) expone estos días en la Galería Atlántica, y su muestra, “Punto de Fuga”, establece una nueva relación entre las galerías y su público: cada semana se organizarán talleres, charlas y actividades paralelas embebidas dentro de la exposición, una manera efectiva y original de reactivar el flujo de público, y que ha llevado al artista coruñés y al Centro de Arte Atlántica y estrechar su relación.
Bajo un mismo prisma, pero con sutiles diferencias, la obra de Caban discurre entre calles, grúas y edificios –su iconografía más recurrente-, a los que añade, por ejemplo, un despliegue de estudio de sillas francamente interesante. A todo ello hay que sumarle la experimentación con nuevos materiales, con nuevos métodos de trabajo, pero con la misma ilusión de los comienzos.
Cabana explica su obra y su evolución de una forma sencilla pero eficaz: “hago lo que me gusta, y mi obra me define”, y la contextualiza sin pudor. Es consciente de que forma parte de una generación de artistas plásticos coruñeses –aquellos nacidos entre 1970 y 1985 aproximadamente- excepcionalmente prolífica y activa. Y él no es menos.
Su curiosidad le ha llevado a experimentar con la mezcla de artes –sus colaboraciones con la escritora Berta Roca han dado como fruto algunos de sus lienzos más curiosos-, y a acercarse a nuevas experiencias –como los talleres incluídos dentro de su nueva exposición, impartidos por artistas amigos y conocidos, venidos de diferentes disciplinas-.
Un pintor de forma y fondo arquitectónicos, de carácter amable –el trato con el público forma parte esencial de su trabajo, explica- y de profesionalidad curiosa e interactiva, que continua su constante evolución montado en las grúas de su cabeza.
Imagen: Pablo Rodríguez
Texto: María Nieto Díaz


